Pero bueno, está claro que cada uno vive estas cosas a su manera, y los causantes siempre me decían que sólo vale lo que se actúa en vida, y que las costumbres no sean externas sino internas. Me ha contado que han cantado el rosario en el cementerio (bueno, no sé si se canta o se recita, ya digo que nunca voy), y yo le he contestado que no hubiera ido a la misa ni aunque hubiese estado allí. Hubiese saltado la tapia cuando no hubiese nadie como otras veces.
Ahora me arrepiento de no haber ido este fin de semana y sí el anterior, y así de paso quedar con Leticia, que me esperaba, jartarme de buñuelos también, que es la mejor manera de combatir al intruso halloweeniano (quien quiere pedir caramelos cuando puedes pedir buñuelos), y haber llevado rosas de los rosales que tenemos, que aún hay, y donde están no las ve nadie. En realidad sólo quedan dos rosale, el de las amarillas (las más bonitas que había) y otro, porque los demás los rocié ‘saviamente’ de herbicida este verano, y es que por algo los rosales no los aconsejan ni los jardineros, ya que no dan más que espinas.
Un abrazo, here and beyond.